La elaboración del Cognac es responsabilidad del Maestro bodeguero. Combinando rigor, experiencia e intuición, al igual que la “nariz” del perfumista, realiza sutiles ensamblajes de aguardientes de edades y cosechas diferentes para que el producto obtenido conserve toda su personalidad a lo largo de los años, amparando asimismo la fidelidad de sus consumidores.
Una calidad persistente
El Cognac tiene que defender su reputación de calidad a través del mundo. Cada Casa de Cognac trabaja e investiga de forma permanente con el fin de garantizar una calidad constante de su producto.
Las reglas del arte
Hace ya muchos años, se establecieron normas para evitar cualquier falsificación del producto tanto en lo referente a fabricación como a presentación. Sin embargo, todos los Cognacs no se parecen. En efecto, aliando sutilmente los sabores, cada Maestro bodeguero procura elaborar un producto capaz de seducir a un gran número de consumidores.
El trabajo del maestro

El Maestro bodeguero compra los aguardientes y los vigila desde el momento en que salen del alambique. Además, vigila su maduración, los cata regularmente, decide cambiarlos de tonel o de bodega para suavizarlos o darles más fuerza; poquito a poquito, les va añadiendo agua destilada o desmineralizada hasta alcanzar la graduación deseada (40 % vol. mínimo para la comercialización del Cognac). Esta delicada operación se llama la “
reducción”.

Fruto de una larga experiencia, ese trabajo permite a cada Casa de Cognac velar por la calidad de su producto. En efecto, combinando aguardientes de edades y
viñedos diferentes, el Maestro bodeguero consigue crear una armonía comparable a la de una obra de arte. Ese verdadero trabajo de orfebrería permitirá a cada consumidor reconocer y apreciar el Cognac de su elección.